El gobernador Gustavo Sáenz participó de las actividades centrales de la Fiesta del Milagro y acompañó a miles de salteños y peregrinos durante la Procesión del Señor y la Virgen del Milagro. La jornada concluyó con la renovación del histórico Pacto de Fidelidad en el Monumento 20 de Febrero, ante una multitud estimada oficialmente en unas 680 mil personas.
Sáenz estuvo presente durante la Misa Estacional celebrada en la Catedral Basílica y posteriormente participó de la procesión. La jornada reunió a autoridades provinciales y municipales junto con representantes de la Iglesia y visitantes que llegaron desde distintos puntos de la provincia y del país para participar de la celebración.
El Gobierno provincial había desplegado durante los días previos un amplio operativo destinado a acompañar la llegada de peregrinos. De acuerdo con el balance oficial de la Policía de Salta, más de 200 mil peregrinos arribaron a la Capital durante los distintos días de la celebración. Fueron más de 280 contingentes provenientes de diferentes localidades y también de provincias como Jujuy, Tucumán, Catamarca, Córdoba, Buenos Aires, Misiones y otras regiones del país.
Durante la jornada del martes, Sáenz siguió el desarrollo de los dispositivos de seguridad, asistencia y organización establecidos para la procesión. El operativo involucró a 5.000 efectivos policiales distribuidos en 26 sectores, además del trabajo coordinado con Gendarmería, Defensa Civil, SAMEC, Cruz Roja, Bomberos, grupos de rescate y organismos municipales.
La celebración tuvo además una dimensión institucional particular por la presencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien participó de la Misa Estacional y posteriormente se incorporó a la procesión. La presencia de autoridades nacionales, provinciales y municipales acompañó una jornada en la que el eje principal estuvo puesto en la tradición religiosa y en la participación popular.
Con la renovación del Pacto de Fidelidad, Salta cerró una nueva edición de sus fiestas patronales, en una jornada que volvió a combinar una fuerte convocatoria religiosa con un importante movimiento turístico, comercial y de servicios en la ciudad.
